En la universidad.
Compañera. ¿Buscas a tu amada?
Él. No es mi amada. Nuestra relación es meramente física. No me mires así. ¿La has visto?
Compañera. Vino. Debería andar por ahí.
Él. Ah, sí. Creo que la veo.
Entra ella.
Ella. ¿A qué viniste? No hay más clases.
Él. A verte. No, no es cierto. A buscar un libro. Este. ¿Vamos a tomar algo?
Ella. No quiero volver a tomar contigo.
Él. ¿Porque quedaste mojada la última vez?
Ella. Estaba lloviendo.
Él. Y quedaste mojada.
Ella. Tengo hambre. Te veré tomar, pero yo pediré algo de comer.
Él. Me va. Oye, ¿por qué no vamos a mi casa luego?
Ella. Tampoco volveré a entrar a tu pieza.
Él. Oh, vamos. Solo estaba tanteando terreno.
Ella. No iré.
Él. Bueno. Esas cosas pasan. C’est la vie.
Ella. ¿A quién se las viste?
Él. A voh, poh.
Ella. Mentira. Nunca las viste.
Él. Las vi en braille.
Ella. Me caes tan mal.
Él. Pero sigo siendo la mejor opción. Mira a tu alrededor. ¿Te gustaría estar con alguno de ellos?
Ella. Son buenas personas si te detienes a conocerlos.
Él. Los tiburones mueren si dejan de nadar.
Ella. ¿Y cuándo empezarás tú? Shakespeare publicó siendo más joven que tú.
Él. ¡Cállate!
Ella. No me caes tan mal.
En el bar.
Ella. ¿Con qué rutina copiada me sorprenderás hoy?
Él. El plagio, como decía Borges, es un homenaje.
Ella. Me decepcionó encontrar en YouTube lo mismo que me dijiste la primera vez.
Él. Me impresionó que lo encontraras. Tienes buen gusto.
Ella. Ahora no sé qué es tuyo y qué no.
Él. Todo es mío.
Ella. Nada es tuyo.
Él. Todo lo es si yo lo digo. Si hablase de ti, también serías mía. Todas las palabras han sido ordenadas ya; nada es original. Lo propio nace de lo que signifique en tu vida. Eres alemana. Hice una broma de Hitler. Te reíste. Esa risa fue mía. Lo demás no importa.
Ella. Lo peor es que sé que me estás cuenteando.
Él. Sí, pero el cuenteo al menos es mío.
Ella. ¿Cuándo volverás a la comedia?
Él. Practicando la insatisfacción bastante sistemáticamente, la comedia puede convertirse en realidad.
Ella. ¿A quién le copiaste eso?
Él. Kafka.
Ella. Eres una bibliografía.
Él. Bolaño.
Ella. ¿Y tú qué eres?
Él. Averigüémoslo. ¡Salud!
Tiempo después.
Ella. Te aprovechaste de mí mientras estaba ebria.
Silencio.
Él. No estabas ebria. Te embriagaste después para no sentir culpa. Lo peor es que fuiste al baño justo cuando trajeron la cuenta. Ni comparación con la otra. ¿Te conté que una vez ella me pasó dinero para que yo pagara por los dos y quedara bien?
Ella. Vete con ella, entonces. Ah, verdad, no puedes, porque la cagaste con ella también.
Él. Al menos no me culpaba por sus propias acciones. Por eso siempre serás un reemplazo.
Ella. Deja de estar ebrio un puto día de tu vida.
Él. Dame una razón para no estarlo.
Ella. Encuéntrala solo, porque así seguirás.
Él. Y no tienes talento. Podría hacer una obra mejor que la tuya cualquier día.
Ella. Deja de beber, por favor.
Él. Deja de aburrirme.
Ella. Deja de hacerme daño.
Meses después. Chat.
Él. La rehabilitación terminó. O al menos la parte más difícil. He escrito. Dime qué te parece.
Ella. No quiero leerlo porque sé que me gustará. ¿Cómo has estado?
Él. Bien. Te he extrañado. Lamento que las cosas no hayan resultado entre nosotros, pero sigues siendo alguien importante para mí y quisiera que siguieras siéndolo.
Ella. Deja de jugar con mi mente.
Él. ¿Podemos seguir hablando?
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